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En la Sentencia n.º 119/2019 del Tribunal Supremo se indican los requisitos que debe cumplir la declaración de una víctima de violencia de género para ser considerada prueba de cargo única.

Dichos criterios orientativos deben perfilarse desde el conocimiento científico, pues pueden generar un erróneo proceso valorativo de la prueba testifical.

El proceso probatorio en los procesos seguidos por violencia de género adquiere una especial dificultad, ya que los hechos delictivos se caracterizan por producirse en la intimidad de la víctima y el victimario, no dejando rastro físico en infinitud de casos.

A continuación, se ofrecen unas breves argumentaciones desde la Psicología del Testimonio de la Sentencia n.º 119/2019 del Tribunal Supremo, con el objetivo de realizar unas breves aclaraciones científicas a una sentencia que puede dar lugar a múltiples sesgos de interpretación.

11 CRITERIOS ORIENTATIVOS PARA VALORAR LA DECLARACIÓN DE LA VÍCTIMA:

 

PRIMERO: seguridad en la declaración ante el Tribunal por el interrogatorio del Ministerio Fiscal, letrado/a de la acusación particular y de la defensa.

 Que un testigo se muestre seguro no significa que sea un testigo exacto. Es un error considerar más creíbles y sinceros a los testigos que afirmen estar más seguros en sus declaraciones. Es más, la hipótesis de sospecha de fingimiento (relato fabricado, experiencia no vivida) puede activarse más ante un relato sin dudas y sin contradicciones.

 Recordemos: la memoria no es una cámara de vídeo que recupera la información con exactitud, sino que omite hechos, añade acontecimientos y distorsiona la realidad.

 Cuando una víctima relata un hecho se equivoca, duda, cae en contradicciones y puede mostrarse de todo menos segura.

 Es habitual que los abogados preparen las testificales de las víctimas para que estas parezcan más coherentes, seguras y firmes. También es habitual que las víctimas lo hagan mal y no generen el esperado relato prefabricado sino un discurso con lagunas, con dudas, con contradicciones, es decir, un discurso real, recuperado desde la memoria y no desde un ensayo previo.

 

SEGUNDO: concreción en el relato de los hechos ocurridos objeto de la causa.

 Es habitual encontrarse con personas que han vivido violencia psicológica extendida en el tiempo en el ámbito de la pareja y presentan síntomas del popular y muchas veces sobrediagnosticado Trastorno de Estrés Postraumático.

 Entre la sintomatología que pueden presentar las personas afectadas por dicho trastorno puede encontrarse la dificultad para expresarse o la dificultad para recordar con claridad y narrar los acontecimientos.

 Si bien en la sentencia se indican una serie de aspectos para tener en cuenta, tales como que la víctima puede tener dificultades para expresarse en el tribunal, o que pueda tener miedo a relatar los hechos sabiendo que el agresor puede tomar represalias.

 

TERCERO: claridad expositiva ante el Tribunal

 Es comprensible que el Tribunal necesite una claridad expositiva, pero la literatura científica nos informa que, en determinadas situaciones, es muy difícil verbalizar un acontecimiento que ha generado un sufrimiento muy elevado y/o muy extendido en el tiempo, como por ejemplo haber sufrido violencia psicológica durante un número considerable de años.

 Muchas personas que han padecido años de violencia psicológica hacen afirmaciones como: “no se contarlo” “sé que sucedió, pero no sé cómo expresarlo”.

 Recordemos, la violencia psicológica es fácil de sentir, pero difícil de explicar (y no hablemos ya de demostrar…)

 En conclusión, solicitar claridad expositiva no tiene sentido ninguno.

 

CUARTO: “Lenguaje gestual” de convicción. Este elemento es de gran importancia y se caracteriza por la forma en que la víctima se expresa desde el punto de vista de los “gestos” con los que se acompaña en su declaración ante el Tribunal.

 La ciencia no ha encontrado hoy en día ningún tipo de “lenguaje gestual de convicción” pero la pseudociencia sí. Este es el criterio que quizá más confusiones puede generar (y el que más me preocupa como psicóloga forense y aprendiz constante de psicología del testimonio)

 Los gestos no son nunca informativos ni diferenciadores de relatos verdaderos y falsos. En la actualidad no existen detectores de mentiras.

 Tampoco existe ningún indicador conductual (no verbal, sino gestual), que solo o en combinación con otros, señale quién miente y quién dice la verdad.

 Hay víctimas tan acostumbradas a situaciones de violencia que, no solo desconocen que son situaciones de violencia (como suele pasar con las violaciones en el ámbito de la violencia de género), si no que, están tan acostumbradas a las mismas que relatan las situaciones como narran cualquier otro acontecimiento cotidiano.

 También hay personas que no son nada expresivas, sino planas afectivamente porque su personalidad es así (de aquí la importancia de evaluar también las características de personalidad de las víctimas).

 Recordemos, hay víctimas que gritan, víctimas que no, víctimas que lloran, víctimas que no pueden llorar, víctimas que presentan sintomatología, víctimas que no la presentan, etc.

 En conclusión, este criterio orientativo es el menos orientativo de todos los criterios expuestos.

 

QUINTO: seriedad expositiva que aleja la creencia del Tribunal de un relato figurado, con fabulaciones, o poco creíble y SEXTO: expresividad descriptiva en el relato de los hechos ocurridos.

 Hay víctimas afectadas y víctimas que no, que exista sintomatología no quiere decir que los hechos se produjeran y, al contrario, la ausencia de sintomatología no indica que los hechos no tuvieran lugar.

 Hay víctimas que pueden mostrar seriedad expositiva y otras que relatan los hechos con diferente expresividad, como rabia o ira.

 

SÉPTIMO: ausencia de contradicciones y concordancia del iter relatado de los hechos.

 Los Tribunales parecen tener un gusto por la búsqueda de contradicciones en las testificales, sin embargo, la evidencia científica nos indica que las contradicciones no tienen por qué corresponder a testimonios fabulados, de hecho, dependiendo del tipo de contradicción este puede ser más compatible con un relato veraz que con uno falso.

En conclusión, hay muchas víctimas que caen en contradicciones, otras dudan, otras desean no continuar con el proceso, otras no quieren contar nada porque eso les hace recordar.

 

OCTAVO: ausencia de lagunas en el relato de exposición que pueda llevar a dudas de su credibilidad.

 Una memoria sin lagunas no es una memoria posible. Hagamos un breve ejercicio; responda a las siguientes preguntas

– ¿Qué cenó usted ayer?

– ¿Qué cenó usted antes de ayer?

– ¿Qué cenó usted hace 15 días?

– ¿Qué cenó usted el 11 de abril de 2018?

 Excepto si alguna de las anteriores fechas está asociada a eventos concretos, como por ejemplo su cumpleaños, es imposible que usted pueda recordar con la misma precisión qué ceno ayer y qué cenó en abril de 2018.

Por tanto, tener lagunas (entendidas como desvanecimiento de la huella de memoria) en acontecimientos pasados, donde además es posible que el estrés dificultara la codificación de los recuerdos, es habitual y normal. No se puede exigir un recuerdo sin lagunas porque entonces no estaríamos ante un recuerdo genuino, sino ante un recuerdo fabricado.

 A su vez, recordemos que muchas personas que han sufrido violencia psicológica en la pareja presentan síntomas relacionados con la pérdida de memoria, la atención y la concentración.

 

NOVENO: la declaración no debe ser fragmentada.

Imagínese que es usted víctima durante muchos años de un delito, imagínese que este se produce de manera sutil cada día o casi cada día, incluso unos días sí y otros no. Pues resulta que usted ofrecerá una declaración fragmentada, con mezcla de fechas, de horas del día, incluso de personas presentes.

Es más, hay literatura científica que nos habla sobre cómo se expresan ciertos hechos relacionados con acontecimientos traumáticos de forma fragmentada. Con lo cual, presentar o no una narración fragmentada no es un buen criterio orientativo.

Recuérdese que es habitual que muchas personas víctimas alteren detalles periféricos tras varias declaraciones (por ejemplo, en una declaración dicen que llevaban un jersey rojo y en otra una camiseta blanca), pero la sospecha nos debe llegar cuando alteren hechos centrales (en una declaración afirman que les violaron y en otra afirman que no les violaron, sino que les pegaron dos puñetazos).

Por otro lado, omitir información o ampliarla, no siempre es indicativo de falsedad, en ocasiones es producto del funcionamiento normal de la memoria.

En conclusión, que una declaración sea o no sea fragmentada no orienta nada.

 

DÉCIMO: debe desprenderse un relato íntegro de los hechos y no fraccionado acerca de lo que le interese declarar y ocultar lo que le beneficie acerca de lo ocurrido.

¿Recuerda haber hecho alguna entrevista de trabajo dónde le han dicho que indique tres defectos? ¿recuerda haber referido cosas como “soy demasiado exigente conmigo mismo” “soy muy perfeccionista”? No estaba usted ofreciendo defectos verdaderos, estaba usted diciendo cosas buenas de sí mismo, pero usando palabrería para que parecieran malos atributos.

¿Se imagina un candidato diciendo: “tengo muy mala uva y si me fastidias te dejo de hablar”? Bien, las personas tenemos deseabilidad social, intentamos ocultar los defectos comunes intentando siempre dar una buena imagen de nosotros mismos.

Solicitar a una víctima que haga el esfuerzo de proporcionar información que le perjudique y que beneficie a la otra parte, es absurdo desde el punto de vista psicológico. La persona herida desea justicia de manera habitual, desea que su daño sea reparado y desea en ocasiones, venganza, que la otra sufra o que pague por el daño causado.

 

 

UNDÉCIMO: debe contar tanto lo que a ella y su posición beneficia como lo que le perjudica

Solicitar a una víctima que declare lo que le favorece y lo que no, es absurdo.

La víctima necesita justicia, necesita reparación del daño, no necesita dar más argumentos a la otra parte para que esta la machaque.

De hecho, una estrategia habitual de muchas personas muy manipuladoras es intentar ofrecer demasiada información con frases como “te lo voy a contar todo para que tú veas que no tengo nada que ocultar”.

 

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En la sentencia se ofrecen una serie de apuntes para tener en cuenta como que la víctima puede padecer una situación de temor o “revictimización” por volver a revivir lo sucedido al contarlo de nuevo al Tribunal, y tras haberlo hecho en dependencias policiales y en sede sumarial, lo que junto con los factores que citamos a continuación pueden ser tenidos en cuenta a la hora de llevar a cabo el proceso de valoración de esta declaración, como son los siguientes:

 1.- Dificultades que puede expresar la víctima ante el Tribunal por estar en un escenario que le recuerda los hechos de que ha sido víctima y que puede llevarle a signos o expresiones de temor ante lo sucedido que trasluce en su declaración.

2.- Temor evidente al acusado por la comisión del hecho dependiendo de la gravedad de lo ocurrido.  

3.- Temor a la familia del acusado ante posibles represalias, aunque estas no se hayan producido u objetivado, pero que quedan en el obvio y asumible temor de las víctimas.

4.- Deseo de terminar cuanto antes la declaración.

5.- Deseo al olvido de los hechos.

6.- Posibles presiones de su entorno o externas sobre su declaración.

En resumen ¿son orientativos los anteriores criterios? NO DEBERÍAN SER ORIENTATIVOS, puesto que no están basados en la evidencia científica al respecto y pueden dar lugar a múltiples errores y creencias falsas. Son fruto del desconocimiento en Psicología del Testimonio.

No deben ni darse todos los criterios, ni, en ausencia de unos, dar más peso a otros.

Tampoco se deben generalizar estos criterios a otros tipos de testimonios aportados por otro tipo de víctimas en otro tipo de procesos. No son en absoluto extrapolables.

Si no son criterios orientativos ni válidos para el testimonio de una víctima de violencia de género, tampoco lo son para otro tipo de víctimas.

Según estos erróneos criterios, la víctima real de violencia de género debe esforzarse por declarar de una determinada manera, aunque quizá a la víctima falsa le resulte mucho más fácil hacerlo y cumplirlos.

Por último, estos 11 criterios, lejos de orientar al juzgador, solo parecen complicar la ya difícil situación de la víctima a la que evidentemente no le basta con ser creíble, sino que debe parecerlo.

Seamos cautos, confiemos en la ciencia y preguntemos a los expertos en Psicología del Testimonio.

Para finalizar, cada vez que acudo a prisiones y tengo delante a un nuevo grupo de internos con condenas en las que las testificales han sido claves, me gusta decirles la siguiente frase de Robert Evans:

En toda historia hay tres versiones: la tuya, la mía y la verdad. Y ninguna es mentira.

 

Ruth Pérez Enríquez

Psicóloga Forense. Título de experto en Psicología del Testimonio (UCM).

 

Madrid, 21 de diciembre de 2023.

 

 

 

 

 

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