Castilla la Mancha, diciembre de 2004

Terapia individual con Interno Juan María en Centro Penitenciario.

Cumpliendo Pena de Prisión por: asesinato, agresión sexual y canibalismo post mortem

Sin quitarme el abrigo ni el gorro, como siempre hacía desde noviembre, casi hasta marzo. Me senté en aquellas sillas incómodas. Sillas verdes a juego con horribles mesas verdes. Por lo menos mi carpeta era de color lila, y daba un pequeño toque de color, a esa estancia tan horrible que era la biblioteca de la cárcel.

Juan María entró por la puerta sonriendo, como siempre. Siempre venía sonriendo a las sesiones. Le gustaba venir cada viernes por la tarde. Siempre traía las tareas hechas, esos pequeños deberes que tenemos la manía de mandar los psicólogos entre sesiones. A Juan María le encantaba hacerlas.

Con él todo transcurría de manera tan sencilla…siempre se comportaba de manera educada, siempre comprendía todo, jamás levantaba la voz, era colaborador y agradecido. El paciente que todo terapeuta desea tener.

-Hola Ruth, ¿cómo estás? ¿qué tal la carretera? ¿mucho tráfico?

-No, nada de tráfico, hoy se ha dado genial.

-Me alegro. Hoy hace un frío que pela, pero veo que, como siempre, vienes bien abrigada. Aunque me gusta más el gorro blanco que trajiste la semana pasada, aunque este rojo que llevas hoy te da un toque muy navideño.

-Gracias, la verdad es que me encanta la Navidad.

-¿Si? estoy seguro de que lo que más te gusta es irte de compras.

-Pues has acertado de pleno. Irme de compras y merendar roscón con chocolate. 

– ¿merendar? – rio-, mejor salir de marcha.

-Bueno, creo que me quedo con las dos opciones. -, le confesé- Veo que has traído tu cuaderno. Yo también he cumplido mi parte y te he traído tus lápices.

-Mil gracias Ruti, eres un sol. Por cierto, he estado pensando en el cuadro que me enseñaste la semana pasada y mola. No lo recordaba, pero, joder, es que es buenísimo.

-y ¿qué es lo que más te gusta del cuadro?

-Creo que los colores que usa. Porque si te digo que lo que más me gusta es la cara de Saturno devorando a su hijo, vas a decir que soy un psicópata.

-Bueno, es que ya sabes que lo eres.

-Sí, ya lo sé, y ahora estudiando vuestra carrera, cada vez me veo más identificado. Aunque me pregunto mucho por qué soy así. En un mes me tengo que examinar de Neurociencia y lo llevo fatal. Aunque ni siquiera sé si vendrá el profesor a hacer el examen, como la última vez tardó tanto en venir…

-Entiendo. Sabes que esta cárcel está muy lejos.

– Sí, lo sé. Pero bueno, cambiemos de tema, ¿qué te apetece que dibuje hoy?

-Pues me gustaría que me dibujases a Cristina- Dije seria.

-¿Crees que eso me ayudará?- preguntó sin ni siquiera asombrarse de mi propuesta.

– Nada te puede ayudar Juan. Estás en el puto infierno y eres Satanás, chato.

– ja ja ja Ruti. Me encanta venir contigo a terapia.

-¿Terapia?¿tú crees que esto es terapia? Yo no sé ni cómo llamarlo…

Juan María empezó a dibujar un precioso cuerpo de mujer. Un cuerpo idílico. Mientras dibujaba, afirmaba que no conseguía recordar bien la cara de Cristina y que a veces, antes de dormir, intentaba recordar sus rasgos. Pero que le resultaba imposible.

-Ya está ¿qué te parece? – Me preguntó enseñándome el dibujo.

-Fotográfico, como siempre- Dije- No veo nada, ninguna emoción en su cara, ni en su cuerpo. Solo es un dibujo de una mujer desnuda. ¿por qué le has dibujado los pezones así, en forma de estrella?

-Porque me los comí Ruti. Sabes que me los comí.

-¿Otra vez intentando meterme miedo? Juan, ya sabes que me das miedo. No sigas más, que me acojono y no vuelvo más al talego.

-Ja, ja, ja Ruti. Vale, vale, ya paro.

-Venga, para anda.

-Ruti, ¿para el próximo día me puedes traer más colores?

-Voy a intentarlo Juan.

-Cuando yo maté a Cristina, había colores verdes y morados.

Los nombres de los internos y de las víctimas han sido modificados, así como las fechas y los lugares.

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