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El perfil psicológico del asesino. Ruth Pérez:la psicóloga de asesinos.

De vez en cuando aparece algún periodista por mi despacho y me pregunta sobre cuál considero que es el perfil de un asesino. No quiero decepcionarles, la mayoría son jóvenes fascinados por el mundo del crimen, que esperan encontrar en mí una suculenta respuesta, un titular llamativo y novedoso, un morbo de entretenimiento.

En busca de la carnaza perdida y los pobres me encuentran a mí, que no tengo pinta precisamente de forense. Es entonces cuando recuerdo a los asesinos que he conocido en prisión y me avergüenza confesar que a algunos los recuerdo con cariño (lo siento querido lector, pero soy un ser humano y el humor negro resbala por mis venas, mecanismo de defensa lo llamaría algún psicoanalista de esos a los que los forenses les tenemos tanto miedo).

La cuestión es que el perfil es que no hay perfil. Pues menuda decepción de respuesta.

Pienso en algunos de ellos, de vosotros (que sé que alguno ya en libertad por ahí me lee) y os recuerdo a cada uno completamente diferente del otro. Estaba “el torpe” (a quién se le cae en DNI en la escena de un crimen… Pero vamos a ver por favor, que eso es de 1º de delincuente), “el guarrindongo” (la sangre es muy escandalosa, hijo mío limpia un poco por favor), “el chapucero” (te lías a comprar cuchillos y no sabes cómo usarlos), “el despistado” (que te pilló la cámara de seguridad, ay de verdad qué poca conciencia forense) y otros muchos personajes más.

En conclusión, ese halo de fascinación, ese asesino sexy y arrebatador, enigmático y hechicero prácticamente no existe, aquí somos más de matar a lo español. Ay, pues una pena oye.

Cuidado, que he dicho que prácticamente no existe, no que no exista. De vez en cuando, te encuentras en la cárcel un buen psicopatilla (como decía el Maestro Manuel de Juan Espinosa en sus clases en la Facultad), con esa cara de buenazo que ponen, esas lágrimas de cocodrilo, ese saber estar, esas ganas de querer hacer las cosas bien y ahí, ahí y justo ahí tienes dos opciones: hacerte popó encima o disfrutar de su relato…

Nos vemos por la cárcel.

Ruth.

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