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Relato de un asesino en serie, ¿cómo cuenta un asesino en serie sus asesinatos?

¿Cómo cuenta sus crímenes un asesino en serie?

Un día cualquiera, en un centro penitenciario cualquiera…

Juan tenía los ojos pequeños, los labios finos y la nariz grande. Si hubiera nacido hace un siglo alguien hubiera dicho que sus rasgos faciales le delataban. Lo cierto es que su aspecto no resultaba desagradable. Cada viernes me esperaba sonriente y puntual en la puerta de la biblioteca del centro. Hacía unos años yo ya había dejado de buscar ese halo de misterio que se supone rodeaba a un asesino en serie. Me había encontrado con la realidad española y con el crimen español, más de pandereta y folclórica, más de sangre desperdiciada y esparcida. El auténtico serial killer, sexi y arrebatador y de auténtico saber americano, solo parecía existir dentro de una pantalla.

Por entonces los temidos cuarenta me acechaban con mala leche muy de cerca, ya no era la jovencita que apuntaba en la libreta todo lo que narraban los internos. Ya no tomaba notas, solo escuchaba y observaba y, aquel día, llevaba un propósito firme: obtener un testimonio. Buscaba un relato, una memoria genuina, un recuerdo vivido. Juan ya estaba juzgado y era libre para mentirme todo lo que él deseara. Y yo estaba dispuesta a disfrutar con cada una de sus mentiras, rebuscando entre sus palabras un poquito de verdad.

Le comuniqué que no había ninguna prisa, solo tenía que recordar. Esto es lo que Juan me relató aquel día:

El primero fue en mayo. Hacía mucho calor o bueno, yo tenía mucho calor ese día. La muchacha en cuestión me gustaba desde hace un tiempo y yo le gustaba a ella también. Nos conocíamos de clase. Estuvimos bailando en las fiestas y tomando algo. Yo iba bastante borracho y se me piró. Nos fuimos como a las 3 de la mañana o así a la cueva. Allí iban mucho los que querían tema. Nos enrollamos y ella se quedó dormida después porque iba muy chuza. Empecé a pensar que era una tía muy pesada y que luego me iba a estar llamando todos los días y demás, así que me rallé y le di con una piedra en la cabeza. No se por qué dijeron en el juicio que le había dado muchas veces porque yo creo que solo le di una o así.

La segunda fue lo de la tía que decía que me iba a denunciar. Me la ligué en un garito un poco chungo. Me la llevé a casa y nos enrollamos y tal. Al rato de estar enrollándonos se enfada y me dice que la lleve a casa y yo le dije que pasaba de llevarla. Se empezó a cabrear y me soltó dos leches. La agarré para sujetarla y la estampé contra la pared. Se me piró otra vez porque iba muy drogado. Empezó a decir que me iba a denunciar, así que me enfadé y le di más fuerte. Yo no sabía que se había muerto, pensé que se despertaría porque no sabía que le había dado tan fuerte.

Y la última es porque me sacó de quicio. Se me presenta una pava en casa a la que yo le compraba chuches con el hermano ese gordo y me suelta que les tengo que pagar por una mierda que me vendieron que era mierda total. El imbécil del hermano se pira y me deja a la otra gritando como una loca, creo que la agarré del pelo y le di contra la mesa del comedor. No sé, no me acuerdo mucho, iba muy colocado.

*Juan no es el nombre real. Todos los datos han sido modificados en su totalidad con el propósito de impedir cualquier identificación del caso.

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